Publié par : lettresdemontreal | 31 juillet 2008

Hans Tetzel, un aventurero alemán del siglo XVI en Cuba


La colonización de Cuba, que había comenzado el “adelantado” Diego Velásquez en 1510, tuvo como principal objetivo la extracción del oro, pero ese metal precioso no era tan abundante en la isla y el costo del penoso trabajo que supuso su búsqueda y explotación, lo pagaron con sus vidas, los indios que habitaban estas tierras.

Hacia 1530 comenzó a decaer la extracción aurífera y desde 1525 grandes oleadas de conquistadores establecidos hasta entonces en Cuba partieron de aquí hacia las recién descubiertas tierras de México y Perú, sumiendo la isla en una larga decadencia.

Sobre los que se quedaron pendían además tres amenazas considerables: la miseria, las rebeliones indígenas y los corsarios franceses.

Desde 1528 a 1530 había comenzado una incipiente minería del cobre en un lugar cercano a Santiago de Cuba, al cual se le llamó inicialmente “Cardenillo, luego Santiago el Prado y finalmente sólo “El Cobre”.

Este interés en un metal menos codiciado, se debía al hecho de que la Corona española requería de cobre para la fabricación de armas, debemos recordar que España bajo Carlos V era el imperio más poderoso de Europa y se encontraba inmerso en varias guerras simultáneas, que le exigían un flujo permanente de materias primas para su industria militar. La sublevación de Gante en 1538-1540 y el auge de la Reforma en Alemania, habían afectado además el suministro de cobre desde las minas de Hungría. Comienza entonces la Corona a buscar en América minas de cobre que le abastecieran.

Por otro lado, banqueros y prestamistas alemanes vinculados a Carlos V: los Fugger y los Welter, se habían apoderado de las finanzas del Imperio, pues las deudas del Emperador con ellos eran enormes. Los alemanes además tenían experiencia en la explotación de minas cupríferas en Europa central, por lo que con todas esas credenciales, no les fue difícil obtener la autorización real para buscar y extraer cobre en el Nuevo mundo.

Según nos relata don José Luciano Franco, quien ha sido el más acucioso investigador cubano de este tema, Ambrosio Alfinguer, el principal agente de los Welser en tierras de América hispana, ya alrededor de 1527, no sólo se encargaba de controlar desde La Española, a todos los “barcos cargados de oro que partían de Tierra Firme para España, sino también de buscar algún territorio que pudiera explotar sin cortapisas. Alfinguer se interesó por Cuba, pero pronto abandonó el proyecto y aconsejó a Welser que gestionara la autorización para conquistar y establecerse en Venezuela”[1]. En octubre de 1528 se convertía en gobernador de esta región suramericana, pro contar las “hazañas” de los alemanes de Welser en aquellas tierras bien merece otro artículo.

El primero en establecer en “El Cobre” una casa de fundición y bohíos para esclavos negros que trabajarías la mina, había sido el platero Luis de Espinosa, quien había recibido el permiso para ello de la Casa de Contratación y consejo de Indias, pero Espinosa fracasó por la decadencia que experimentaba la isla y de ello da fe el gobernador de entonces – Gonzalo de Guzmán – quien en marzo de 1536 se lo comunicaba al Rey.

Gaspar Lomans, un fundidor flamenco que andaba por La Española, llega a Santiago de Cuba en 1540 y comienza a ocuparse de la fundición del cobre, pero es con la llegada de Hans Tetzel a Cuba, hacia 1542, procedente de la aventura venezolana de los Welser, que con previa autorización del Ayuntamiento y gobernador de Santiago de Cuba, comprueba la calidad del metal y genera a partir de entonces avances en la explotación de la mina. La carencia, no obstante, de técnicos fundidores y la inundación ocurrida a mediados de 1541 o 1542 destruye todo el taller de fundición y paraliza casi por completo los trabajos.

Tetzel debe entonces viajar a España, allí en calidad de agente de los Welser consigue una amplia concesión de explotación de las minas. Con este documento viaja a Amberes y luego a Nuremberg, con vistas probablemente a interesar a los banqueros en este negocio, coordinar las condiciones de envío del metal, así como para proveerse de los materiales, herramientas y técnicos necesarios.

A su regreso a Santiago de Cuba, continua las operaciones de extracción y fundición del cobre, más este nuevo período de la aventura “tetzeliana” tampoco estuvo exento de conflictos y dificultades. Las autoridades locales y vecinos de Santiago de Cuba le exigieron a Tetzel la entrega del “secreto” de su técnica de fundición. Este sería quizás el primer “conflicto de patentes” de la historia cubana, pues Tetzel se negó rotundamente a compartir sus conocimientos. El conflicto se agudizó, el gobernador y el Ayuntamiento elevaron sus quejas al Rey de España y éste respondió favoreciendo la demanda de sus súbditos.

Con el acuerdo real, el gobernador se preocupó no obstante, por hacer de intermediario entre el cabildo de Santiago de Cuba y Tetzel, según previo acuerdo, este último “se comprometió a enseñar a los esclavos aptos pertenecientes a los vecinos, a cambio de su trabajo, durante un aprendizaje de año y medio y como compensación del tiempo, dinero e inteligencia que había dedicado al desarrollo de las minas de cobre en Cuba, debía recibir el 3% del mineral que se extrajese en lo adelante por cualesquiera otras personas en la Isla, y le corresponderían dos minas más, todo esto además de su asiento con la Corona”.[2]

Se evidencia de esta cita, la capacidad negociadora del alemán, pero la suerte siguió siéndole adversa, pues la transportación del cobre se vio afectada en igual manera que la de los metales preciosos, por la proliferación de agresiones de corsarios y piratas a las flotas españolas. Ello unido a la animadversión hacia el exitoso fundidor por parte de sus vecinos ibéricos siempre respaldados por las autoridades reales españolas, hicieron que la empresa de Tetzel fuera decayendo. Para colmo de males huracanes que azotaron la zona, agravaron la situación, pero o bien la tozudez de Tetzel, o bien las pingues ganancias que reportaba el negocio, hicieron que hacia 1563 solicitara el real permiso para reanudar sus operaciones, pidiendo se declarase válido su asiento de 1546.

La Casa de Contratación de Sevilla, luego de “lentos y pesados trámites burocráticos de la administración colonial española, accedió en 1571 a su petición, pero para la fecha ya Tetzel había fallecido.

Se cerraba así el capítulo de la temprana presencia alemana en la conquista y explotación de las riquezas minerales de la Isla de Cuba. Los Welser y los Fugger por su parte, a quienes sus fracasados proyectos de Venezuela, Chile y las Malucas habían escarmentado, abandonaron lo hecho por Tetzel en “El Cobre”, estas minas no obstante aún tendrían larga vida y el lugar se convertiría hasta hoy, en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de todos los cubanos.


[1] José Luciano Franco. Las minas de Santiago del Prado y la rebelión de los cobreros 1530-1800. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p.17.

[2] Idem. pag.22

Bientôt en français!


Responses

  1. Interesante. Yo sabía que los alemanes habian estado metiendo la cuchareta en la Cuba colonial, pero no sabía de esta aventura de El Cobre.

    Saludos,
    Al Godar

  2. Gracias por transmitirnos estas informaciones. Interesante, realmente. Y todo muy actual: por una parte, el día de la Caridad del Cobre que acaba de pasar; por otra, una anécdota más de los desastres que causan los huracanes y la burocracia en nuestra isla.

    Esto último, más actual no puede ser. Basta echar una ojeada a las noticias sobre Gustav, Ike y todo el peloteo entre los gobiernos de Cuba y USA para negociar la ayuda humanitaria. (ver http://www.cubaencuentro.com/)

    Por increible que parezca, venimos arrastrando este karma ¡desde los tiempos de la Colonia!

    Saludos,

    Isbel ALBA

    PS: por cierto, si alguien sabe de alguna institución u organismo de beneficencia que esté organizando envíos de productos de primera necesidad para Cuba desde Montreal, por favor, hágamelo saber.


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