Publié par : lettresdemontreal | 9 décembre 2008

La Cuba dont nous rêvons

La Patria nueva

La Patria nueva

Il est évident que le projet de la nation cubaine est encore loin de sa cristallisation, de sa consolidation définitive.

Un certain infantilisme nous caractérise encore, étant donné les longues périodes d’autoritarisme du XXe siècle, un siècle qui du point de vue d’époque, n’est pas encore conclu pour l’île.

Cet « insularisme » chronique, que nous a décrit assez bien Lezama Lima, dans son dialogue inspiré avec Juan Ramón Jimenez, et publié pour la première fois dans la Revista Cubana, en janvier 1938, continu à nous caractériser et nous pourrions même croire que ces derniers temps il s’est renforcé.

Cuba de nos jours est cependant, et c’est-là le paradoxe, probablement la nation des Caraïbes qui réunit les meilleures conditions pour un post-nationalisme universaliste, d’inspiration humaniste et séculariste. Un pays prêt à entreprendre le chemin d’une globalisation solidaire et tolérante, le chemin d’une démocratie de nouveau type, d’un gouvernement aussi stable et pluriel qu’accéléré soit le rythme de sa vie sociale et politique, une fois qu’il sortira du présent marasme.

Sur quels arguments je m’appui pour exprimer de tels propos, pourrait avec justice se demander le lecteur de ces lignes. Ma réponse n’est pas complexe : le « capital humain », un concept largement manipulé par le régime actuel, mais réellement existant, bien qu’en franche régression. Les jeunes générations et les générations intermédiaires, formées avec une plus ou moins bonne qualité, mais alphabétisées grâce à 9 années obligatoires d’instruction. Une homogénéité dans les conditions sociales des grandes majorités, sauf comme on peut l’espérer : les dirigeants et les nouveaux riches. Un caractère national entreprenant, « lutteur » disons-nous les cubains, même si pèsent 50 longues années de répression de l’initiative individuelle, familiale et coopérative (non gouvernementale). Encore aussi malgré le fait que pendant cette même période de temps nous avons été pratiquement privés d’un échange et de l’introduction libre des capitaux et technologies de pointe, causées d’une part par le blocus américain et d’autre part par le « regard tordu » avec lequel les investissements étrangers sont autorisés par le régime, toujours sous l’œil et la « volonté » spécialement changeante d’un patriarche qui administre la « caisse » de 11 millions de Cubains, comme le faisait son père avec la propriété d’où il est originaire.

De nos jours, des millions de jeunes et pas si jeunes cubains, à l’intérieur et en dehors de l’île rêvent à un futur d’ouverture et de diversité, avec un demain de véritable participation démocratique et d’électivité de ses représentants avec une périodicité inviolable, rêvent aussi à une ère de prospérité où le Cubain puisse se lever seul ou en famille, avec ses amis et voisins en coopérative, avec sa communauté en entreprise, avec d’autres hommes et femmes du monde en aventure économique internationale, pour tout en créant une richesse responsable au niveau local et régional, conformer solidement celle de tout le territoire insulaire et contribuer à celle d’autres peuples de l’Amérique et du monde.

Le Cubain d’aujourd’hui rêve à un état stable et fort pour défendre ses intérêts et sa souveraineté, mais pas si fort pour perpétuer une caste au pouvoir, ou un seul parti dans le spectre politique de la nation, et une seule idéologie dans les esprits de ses citoyens. Même si pendant 5 décennies ça en a eu l’apparence, il est bien connu le proverbe : « les apparences sont trompeuses » ou cet autre « tout ce qui brille n’est pas or ». Cuba a été et reste diverse, dans la proscription et dans la prison, dans l’exil ou dans le déracinement, ou pire encore, dans le fort intérieur de tant de ceux qui sont obligés par les circonstances de se faire appeler des « communistes » ou plutôt des « fidelistes ».

La Cuba dont nous rêvons est cette jeune Cuba, jeune oui, mais par son esprit et non nécessairement par son âge, ce jeune Cuba qui se réveille et qui le fait pour rêver oui, mais alerte, attentive à imposer à ceux qui la représentent, non plus à ceux qui la dirigent, attentive exiger d’eux, je dis, qu’ils accomplissent scrupuleusement le postulat de José Marti, connu par tous les fils de cette terre: « La patrie a besoin de sacrifices. Elle est pierre d’autel et pas piédestal. »

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La Cuba con la que soñamos

Es evidente que el proyecto de la nación cubana aún está lejos de su cristalización, de su consolidación definitiva.

Un cierto infantilismo nos caracteriza aún, debido a largos períodos de autoritarismo en el siglo XX, un siglo que desde el punto de vista épocal, todavía no ha concluído para la isla.

Ese “insularismo” crónico, el cual nos describiera tan ampliamente Lezama Lima, en su inspirado dialogo con Juan Ramón Jimenez, publicado por primera vez en la Revista Cubana, en enero de 1938, continua caracterizandonos y hasta podríamos creer que en los últimos tiempos se ha venido agravando.

Cuba no obstante es hoy en día, y esa es la paradoja, probablemente la nación caribeña que reune las mejores condiciones para un posnacionalismo universalista, de inspiración humanista, secularista, un país listo para emprender el camino de una globalización solidaria y tolerante, el camino de una democracia de nuevo tipo, de una gobernabilidad estable y tan diversa como acelerado sea el ritmo de su vida social y política, una vez que salga del presente marasmo.

¿En qué me baso para expresar tales própositos?, podría con justicia preguntarse el lector de estas líneas. Mi respuesta no es compleja: el “capital humano”, un concepto ampliamente manipulado por el régimen actual, pero realmente existente, si bien en franca regresión. Las jóvenes generaciones y las generaciones intermedias, formadas con mayor o menor calidad, pero formadas todas en una alfabetización de 9 grados obligatorios de instrucción. Una homogeneidad en las condiciones sociales de las grandes mayorías, excepto como es de suponer: dirigentes y nuevos ricos. Un carácter nacional emprendedor, “luchador” decimos los cubanos, aún cuando 50 largos años de represión de la iniciativa individual, familial y cooperativa (no oficialista) pesan. Aún también cuando durante ese mismo lapso de tiempo hemos estado practicamente privados de un intercambio e introducción libre de capitales y teconologías de punta, causadas por un lado por el bloqueo estadounidense y por otra por la ojeriza con que se autorizan las inversiones extranjeras por el régimen, siempre bajo el ojo y la voluntad cambiante de un patriarca que administra la “caja” de 11 millones de cubanos, como lo hacía su padre con la finca de donde es oriundo.

Hoy en día, millones de jóvenes y no tan jóvenes cubanos, dentro y fuera de la isla sueñan con un futuro de apertura y diversidad, con un mañana de verdadera participación democrática y de electividad de sus representantes con una periodicidad inviolable, sueñan también con una era de prosperidad donde el cubano pueda levantarse sólo y en familia, junto a sus amigos y vecinos en cooperativa, junto a su comunidad en empresa, junto a otros hombres y mujeres del mundo en aventura económica internacional, para creando una riqueza responsable a nivel local y regional, conformar solidamente la de todo el territorio insular y contribuir a la de otros pueblos de América y del mundo.

El cubano de hoy sueña con un estado estable y fuerte para defender sus intereses y su soberanía, pero no tan fuerte como para perpetuar una casta en el poder, o un solo partido en el espectro político de la nación, ni una sola ideología en las mentes de sus ciudadanos. Aunque durante 5 decenios esa haya sido la apariencia, bien es conocido el refrán: “las apariencias engañan” o ese otro “no es oro todo lo que brilla”. Cuba ha sido y sigue siendo diversa, aún en la proscripción y la cárcel, aún en el exilio y el destierro, o peor aún, en el fuero interno de esos tantos que se ven obligados por las circunstancias a hacerse llamar “comunistas” o más bien “fidelistas”.

La Cuba con la que soñamos es esa jóven Cuba, jóven por su espíritu y no necesariamente por su edad, esa jóven Cuba que despierta y que lo hace para soñar sí, pero alerta, bien atenta a exigirle a quienes la representen, no más a quienes la dirijan, a exigirle digo, que cumplan escrupulosamente el postulado martiano, por todos los hijos de esa tierra conocido: La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal.



Responses

  1. En Cuba se puede construir la sociedad ideal

  2. gran articulo,Raul te felicito, este articulo refleja 100% lo que pensamos los cubanos que amamos a Cuba

  3. Raul,

    Primero tengo que darte las gracias por escribir estos articulos de gran calidad y dejarnos leerlo, creo que algunos se olvidan que esto es completamente GRATIS , por lo que esos comentarios como los de Mayra con sus escondidas i ntenciones no les preste mucha atencion. Escribes muy bien, tus mensajes son claros, las buenas intenciones y las ganas de mirar por el bien de nuestro pais estan presentes claramente, no puedo ver segundas intenciones.
    El articulo en particular esta muy bueno, un analisis inteligente desde tu punto de vista, que no tiene que ser el de todo el mundo, pero creo refleja la mayoria. Las propuestas de Campos y otros se dedican fundamentalmente a los problemas y necesarios cambios economicos pero les falta abarcar el resto de los cambios necesarios socialmente con el mismo caracter cientifico, con la misma critica rigurosa y sincera. En mi opinion esta historia esta al reves, los cambios sociales, la reintegracion de la poblacion en la toma de decisiones, el desarrollo de las instituciones y la democracia participativa debieran ir primero a modo de eliminar la desconfianza y la inestabilidad de las leyes y normas sociales, de esa manera, el pueb lo se sintiera seguro, con el poder de saber que las cosas no pueden ser cambiadas a gusto de una persona o un partido, en definitiva, que el pueblo sea el protagonista del final de esta historia. Gracias

  4. Muy Bien tocayo

    Sabes, pienso exactamente lo mismo desde hace un tiempo, y no encontraba a nadie que compartiera mi idea, de que estamos al borde del exito, están dadas todas las condiciones -y por tanto, también al borde del más estrepitoso fracaso, si no sabemos aprovechar el momento.

    La Joven Cuba es posible, y es la única que puede salvarnos del desastre.

    Un abrazo,

    Raúl Ferrer (Paulus)

  5. La Revolución Cubana…

    Las Revoluciones y en particular, la Revolución Cubana, no es la de Fidel, ni la de nadie en particular, revolución es ese instinto e ideas y sueños de ser libres y soberanos e independientes de todo un pueblo…las revoluciones se « erigen y se fortalecen » ante las injusticias, ante las represiones, ante el maltrato, ante el abuso, ante las violaciones, ante las dictaduras…por ende nunca mueren, como no pueden llevar el nombre de un sólo mortal, porque son creadas entre todos, entre multitudes, entre mayorías, sólo que son llevadas a cabo, gracias a caudillos, a líderes, a héroes…

    Que pudiesen quedar en la historia como verdaderos y gloriosos mártires, humildes y justicieros , alabados por las mayorías y llorados en sus funerales…a la hora de marcharse de esta vida.

    Como también pudiesen emborracharse del elixir del poder, convirtiéndose en avariciosos y ególatras, llenos de ambiciones de poder y riquezas…que terminan olvidando y oprimiendo a ese pueblo que una vez los eligió para llevar a cabo sus deseos revolucionarios.
    Pero en ninguno de los dos casos, se les puede fusionar a la palabra « revolución » , esos líderes, formaron una histórica parte ínfima, ya sean « honorable o tristemente célebres », tan sólo fueron una etapa, dentro de los caminos infinitos y eternos de las revoluciones.


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