Publié par : lettresdemontreal | 27 janvier 2009

La Curiosidad es la clave

 

Leonardo pudo apellidarse Obama y viceversa

Leonardo pudo apellidarse Obama y viceversa

¿Que une a dos hombres a quienes separan 5 siglos de distancia en el tiempo?

¿Qué une al genio del Renacimiento, al inmortal Leonardo da Vinci, creador del Sfumato, de la Mona Lisa, del Codex de Torino, de la idea del helicoptero, o del submarino, ese discípulo de Verrocchio que lo supera y se convierte en maestro de su maestro…

¿Qué une, digo, a aquel hombre universal, con uno que nace en la segunda mitad del siglo XX y que hoy representa la esperanza, el ideal, los sueños de esos millones o más bien miles de millones que gritan hastiados de religiones, de ideologías, de sumisiones, de sacrificios inútiles, que deploran los millones de muertos en guerras o desastres naturales evitables, que imploran por el raciocinio para salvar al planeta y con él a nuestra especie?

¿Qué puede unir a un hombre como Leonardo da Vinci a otro como Barack Obama?

La respuesta es: La Curiosidad.

La Curiosidad es un comportamiento inquisitivo natural, propio de animales y de seres humanos. En estos últimos favorece la exploración, la investigación y el aprendizaje.

La Curiosidad tiene el efecto de impulsarnos a buscar información y nos obliga a interactuar con el ambiente natural y animal, también con el social.

La Curiosidad ha sido la chispa que ha alumbrado la llama de la investigación científica, la Curiosidad sigue siendo la motivación primera de hombres como Cristóbal Colón, Nicolás Copernico, Fernando de Magallanes, Vasco Nuñez de Balboa, ó Yuri Gagarin y también Neil Armstrong, Albert Einstein, Mahatma Gandhi, entre muchos otros.

La Curosidad hizo que da Vinci “echara a perder” obras maestras que él creara, y que llegaron a nosotros gracias sólo a copias que hicieran sus contemporáneos. La Curiosidad hace que Obama sea un presidente que no se separa de su Blackberry, para seguir en contacto con sus amigos, con sus seguidores, con la gente que lo hizo subir como la espuma, en un país y en un mundo donde las esperanzas parecían perdidas.

Obama habló de la Curiosidad en su discurso de investidura, la puso al nivel de la tolerancia, que bien sabido, es una cualidad que no ha abundado mucho en el pasado siglo, y aún en el presente. A ella, entre muy pocas otras, pone entre las que son decisivas para el éxito común.

La Curiosidad es una virtud individual, ella se desarrolla como fuego en la pradera en el niño despierto y ávido de saber. Ella se apaga pronto en el crio que lo tiene todo y que no ve estímulo alguno a la autosuperación, o en los tantos millones que no pueden llegar a pensar, porque siempre estuvieron gritando por un mendrugo de pan, para sobrevivir.

La Curiosidad es una flor rara en sociedades donde los tabues son la norma y lo prohibido es todo aquello que no ha sido “autorizado”.

La Curiosidad es una flor siempre olorosa en las sociedades donde el mérito es la medida del éxito.

La Curiosidad debe “contaminarnos” al mayor número posible en estos tiempos por venir, pues de ella va a depender la superación del estadío de primitivismo humano en que aún nos encontramos, y ello a pesar del desarrollo de las tecnologías. Con la Curiosidad podremos darle un sentido humano a tanto talento desperdiciado. Con la Curiosidad, que implique la Nobleza y la Solidaridad, podremos llegar a ser verdaderos Humanos.

Bientôt en français!


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