Publié par : lettresdemontreal | 18 avril 2009

La necesidad de la desacralización y la apropiación crítica de la Historia

 

 

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Desde la cuna de la Humanidad hasta el siglo XIX, la interpretación de la historia humana estuvo siendo impuesta a través de dogmas religiosos. Durante milenios se proyectó la vida de las sociedades en panteones diversos de dioses que poseían nuestras virtudes y defectos.

Con el advenimiento del patriarcado y de los estados imperiales, el monoteísmo se consolido, rigiendo en su mayoría las conciencias de los seres humanos durante al menos los últimos veinte siglos.

Se nacía, vivía y moría en nombre de un Dios supremo, que siempre tenia ‘representantes’ incontestables aquí entre nosotros.

El desarrollo de las ciencias, la tecnología y la conquista capitalista del planeta modificó sustancialmente ese status quo milenario. Durante el siglo XIX se preparó en las mentes de los hombres, el siglo que vendría: el de las ideologías.

El siglo XX fue el escenario de una cruenta y sanguinaria batalla mundial entre liberales y neoliberales de un lado y una curiosa alianza de religiones en decadencia, a la cual se sumaron ideologías radicales de todo el espectro político: desde la extrema derecha a la extrema izquierda; desde el fascismo franquista, italiano, nazista o el militarismo japonés, al fascismo de izquierdas a los estilos estalinistas, maoístas, kimilsuniano o fidelista. Estos fascismos, hoy cada vez más reconocidos y clasificados como tales, se destacaron y destacan aún por su virulencia política y métodos de manipulación de las masas populares.

La historia es conocida, aun hoy vivimos inmersos en una « lucha ideológica » que oculta a los ojos de las mayorías los verdaderos movimientos de la historia.

Simultánea y paralelamente, desde hace muchos siglos también, se ha venido desarrollando, fuera de los círculos de poder lógicamente, una contracultura antirreligiosa y más recientemente antideológica. El hombre posee una tendencia innata hacia la libertad, que cuando dispone de medios mínimos de subsistencia y educación, desarrolla de manera progresiva.

Hoy en dia por doquier, las religiones van en franca decadencia, aun en los paises mas retrasados o retrógrados, que no son siempre sinónimos, las clases medias ‘producen’ más y más « apostatas ».

De igual manera ha sucedido y sucede con las ideologías. Por su extrema virulencia, carácter xenófobo y racista, la fascista de derechas duró poco en el poder. Por su doblez y engaño estructural a los anhelos de los pueblos, la « comunista » sigue el mismo camino.

Ninguna religión ni ideología soporta hoy el análisis crítico permanente. Todas se basan y perpetúan bajo la condición imprescindible de la fe, el abandono de la razón y de la voluntad por parte de sus súbditos, en manos no de Dios, o de abstracciones ideológicas, sino de sus « representantes » bien afincados en esta tierra.

El siglo XXI comenzó bajo la amenaza de una nueva y aburrida guerra de civilizaciones, de religiones, de ideologías. El 11 de septiembre del 2001 parecía señalarnos el camino hacia atrás en lo hasta allí logrado: la derrota de las ideologías.

Hoy sabemos que no es así y habría quizás que « agradecer a Dios », a ese de los verdaderos creyentes en un Dios de bondad y generosidad con la especie humana. Pareciera que a nivel de las ideas la tierra girara hoy sobre su eje, a una velocidad mucho mayor que en épocas anteriores. El neoliberalismo cayo estrepitosamente con la crisis financiera y económica mundial, por él provocada, el comunismo, allí donde queda, es la caricatura de si mismo y constituye mera fachada de la restauración del capitalismo, como son los casos de China y Viet Nam, o simplemente operan una regresión política y social a estadíos precapitalistas, como en Corea del Norte y Cuba.

En las sociedades desarrolladas, aún en aquellas que hasta hace poco eran profundamente religiosas, como es el caso de Québec, desde donde parten estas líneas, la tendencia predominante es la descristianización de la sociedad, la apatía creciente hacia todo lo que constituye una adición innecesaria a la ya complicada vida en la sociedad capitalista primer mundista.

Todavía no se generaliza en la sociedad el ateismo, pero él esta en todas partes, desde la educación, donde la teoría de la evolución de Darwin es comúnmente aceptada, o en  los hábitos y costumbres de las nuevas generaciones, cada vez mas desinhibidas y libres de elegir su estilo de existencia, hasta la aceptación y difusión de las mas recientes teorías del origen del universo, basadas en la estupenda evolución de la investigación astrofísica. Claro esta que fenómenos como el Creacionismo o la Cientología surgen y se desarrollan en determinados sectores sociales, pero ello no constituyen sino la evidencia de que las fuerzas retrogradas, siempre buscan perdurar más allá del tiempo que les « tocó » en la historia.

El mundo cambio el 20 de enero del 2009, fue un cambio pequeño a escala de la historia, pero inmenso y espectacular a la escala de nuestras generaciones, las que vivimos entre estos dos siglos tan cargados de buenas y malas noticias. Un hombre simboliza ese cambio, y es naturalmente Barack Obama. Ese nuevo e « improbable » presidente del pais más influyente del mundo, llega en el momento justo, para infundirnos la esperanza y contribuir con su lucido pragmatismo al cambio de época que necesita la Humanidad. Un cambio en el que la racionalidad y la capacidad de apropiación critica de la historia y de la vida social sea cada vez más numerosa, mayoritaria.

Ahí están las nuevas tecnologías de la información para favorecerlo: Internet, los Blogs, Facebook, Youtube. Aquí, en esta nueva época que surge va quedando menos y menos espacio a tiranos ilustrados o simplemente sanguinarios, tampoco es la época de la predominancia excluyente de élites económicas, intelectuales o políticas, de gobiernos teocráticos o ideológicos. El mundo se globaliza, se democratiza, se hace asequible a las mayorías. Las clases medias en los países emergentes como son Brasil, la India, China, Sudáfrica, Malasia y tantos otros, son las que van y deben dar la pauta a seguir, junto con las ya formadas y hoy fragilizadas nuevamente por la crisis, en los países industrializados.

El mundo debe cambiar de estilo de desarrollo, de estilo de consumo, debemos preocuparnos por el medio ambiente como nunca antes y los problemas del vecino hacerlos propios, pues en ello nos va nuestra propia estabilidad. « Los extremos se tocan », dice el refrán popular, ni extrema riqueza, ni extrema pobreza es la urgencia del planeta, para hacer la vida sustentable. Ni neoliberales desenfrenados, ni « comunistas » autócratas y liberticidas.

Es por ello que todos y cada cual debemos contribuir a la desacralización de dioses, creencias reductoras e ideologías opresoras y favorecer, por todos y para todos, la apropiación crítica de nuestros destinos.

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Y por supuesto les recomiendo ver el filme de Bill Maher: Religulous, que expresa muy bien muchos de los elementos que aquí expongo.


Un ateismo humanista no debe ni puede ser enemigo de los creyentes auténticos, de los que viven la fe en un mundo mejor, y se preparan desde éste para ser dignos del otro.


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