Publié par : lettresdemontreal | 29 juillet 2009

¿Dolce Dimora o Punto Cero?

museonapoleonico

En la historia de Cuba tiranos y tiranuelos, han querido dejar tras de si una “estela gloriosa”, un lugar de referencia, un recuerdo de su “paso por la historia”.

No es un fenómeno exclusivo de Cuba, ni siquiera de los países latinoamericanos solamente, recordemos la larga Avenida o Paseo de los Próceres de Pérez Jiménez en Caracas, que tanto “debe” a los Campos Elíseos parisinos y si de Francia vamos a hablar, pues sírvanse recordar los faraónicos “recuerdos” de presidentes como Giscard D’Estaing, (Centro Beaubourg) Mitterrand (Biblioteca Nacional) y Chirac (Museo Quai Branly), por solo citar los más recientes.

Este fenómeno a pesar de estos ejemplos europeos, es mas bien un “procedimiento” orientalizante, en la cultura hispana y latinoeuropea nos debe venir desde la influencia egipcia en el mundo griego y latino, o hasta de la Muzárabe en la Península ibérica y más allá…

Si los norteamericanos hicieron en el siglo XIX y XX algunos monumentos grandilocuentes, al estilo del Capitolio, el Obelisco, y el Memorial Lincoln, fue más bien un trabajo de “relaciones publicas” ante Europa y el resto del mundo, que les consideraba (o quizás aun les considera), un tanto provincianos… tanto peor para Europa y el resto de los altaneros.

Pero regresemos a Cubita la bella. Por allá por los años del Presidente y Dictador Gerardo Machado hubo un Presidente de la Cámara de Representantes, Ministro y Embajador de triste o curioso, pero necesario recuerdo, llamado Orestes Ferrara. De origen italiano y coronel mambí, duelista redomado y escritor reconocido, para más referencias, como el resto de los politicastros machadistas, decidió hacerse su “chocita” con el dinero del erario publico. La Dolce Dimora, llamó a su palacete de estilo neoflorentino, (aunque el susodicho era de origen napolitano), vaya usted a saber que le hizo partir raudo y veloz de Napoli, que ni de la arquitectura quiso acordarse por bastante tiempo, aunque fiel a su origen, allí fue a parar en una suerte de  “destierro al revés” (botado casi de su patria adoptiva y exiliado en la de origen) y pues allí descansan hasta hoy sus huesos.

Este palazzo es desde la década el 60, el Museo Napoleónico de Cuba, uno de los más importantes del mundo, pues atesora la colección del multimillonario cubano de origen judío Julio Lobo. Apasionado de la figura de Napoleón, durante decenios tuvo el magnate azucarero, agentes compradores en las subastas de Paris, Londres y Nueva York. Cuadros de reconocidos pintores y esculturas hasta de Canovas, objetos personales,  es de las mas representativas fuera e Francia del famoso corso.

Tuvimos en Cuba la verdadera “Chocita”, (nombre casi oficial) la del presidente Grau San Martín, por allá por el barrio de Miramar, en la Quinta avenida, que languidece hoy en día sin mayor gloria. Tuvimos Kukine, la mansión de Fulgencio Batista, jerarca previo al actual, Presidente electo primero y Dictador luego, ¿una faceta acaso demasiado recurrente en los políticos cubanos?

PuntoCero

Tenemos hoy y desde hace 50 largos años a Punto Cero: el futuro museo de un periodo histórico cubano, en el que junto al de Weyler a finales del XIX, los cubanos se vieron y nos seguimos viendo expuestos a todos los azotes de la humanidad contemporánea, desde el el exilio y la migración masivas, pasando por las libertades cercenadas, las familias destruidas, y un solo hombre decidiendo los destinos o parte de ellos de los 11 + 2 o 3 millones de cubanos en la isla y en el mundo.

Entre la Dolce Dimora finalmente, que fue construida con buen gusto, sirve de museo y está en el centro de la ciudad, y Punto Cero, que fue “nacionalizada” a algún pudiente que la mando a construir por los años 50, que está en “casa de las quimbambas” y que si acaso servirá de mal recuerdo, me quedo con el palazzo de Ferrara.

No pocos cubanos con mayor o menor sentido del gusto alquilan sus jardines para tomarse fotos de quinceañeras y de bodas, allí tiene su peña literaria un conocido humorista cubano, allí es agradable o al menos instructivo apreciar al arte de la replica (esculturas de jardín) o el vecindario “caliente” que colinda, luego de haber hecho el recorrido por las salas del museo, lo cual es una visita siempre recomendada.

napoli

Entre el pintoresco Ferrara, portador de esa milenaria cultura mediterránea que trajo a las Antillas y el oscuro Castro, heredero de lo peor del pueblo finisterraneo de Galicia, me quedo con el primero. Nápoles es sin dudas una mejor referencia para los cubanos que Birán o Láncara.


Responses

  1. Yo también me quedo con el Palazzo de Ferrara.

    Bien vu !


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