Publié par : lettresdemontreal | 2 septembre 2009

La filosofía “Qulliq”

QuilliqOldlady

Conversando recientemente con un buen amigo y compatriota de Montreal, el escritor César Reynel Aguilera, introduje y exploré un tema en el que ambos coincidimos, es un reflejo de una visión compleja del mundo.

El pueblo Inuit, del norte quebequense y canadiense, desde hace milenios ha iluminado y calentado las duras noches de invierno dentro de sus igloos, con una lámpara de aceite de foca que ellos llaman “Qulliq”.

El procedimiento consiste en hacer una oquedad en una piedra saponita (también conocida como creta hispánica), llenarla de aceite de foca o ballena, y con la ayuda de un pequeño palito o trozo alargado de la misma roca, mantener el fuego a través de varias pequeñas llamitas que es preciso alimentar constantemente. Es una ocupación eminentemente femenina y suele tener además un carácter ritual.

150px-Coat_of_Arms_of_Nunavut

Hasta en el escudo de la provincia canadiense de Nunavut, figura este objeto tradicional de la cultura esquimal. Allí junto al Inukshuk, ese hombre de piedra que es tan frecuente ver en tierras de Inuits, para anunciar la presencia humana, o el paso de nuestros congéneres por esas solitarias y extensísimas tundras, se encuentra el Qulliq simbolizando el calor del hogar comunitario.

Se comprenderá que en un país donde el frío llega hasta muy entrados los -30 y -40 grados, el valor del calor es tanto o mayor que lo que puede ser el del oro en la cultura occidental. No es, sin embargo, la utilidad de iluminación y calor del qulliq la que nos ocupa en esta reflexión, lo es sí, su filosofía, su Ser múltiple y diverso.

qulliq2

Notarán en las imágenes que acompañan a este texto las diferentes pequeñas llamitas que dan vida al fuego, tan diferente es este acercamiento a la forma y la concepción misma, siempre individual, de hacer luz[1] en Occidente. El desarrollo tecnológico nos llevó a reproducir por millones bombillas de un solo filamento, siendo la “ideología” detrás de esta instrumentalización de un invento, la de una sola fuente de luz, la de una fuente del conocimiento, la de una sola guía en la vida, en fin puro monoteísmo patriarcal.

El Qulliq nos ofrece otra perspectiva, la de lo pequeño, pero múltiple, la de la unión entre semejantes que hace la fuerza, la de la preocupación por todos y cada cual, para que la llama siga viva. Se puede apagar una, pero otra se alumbra con los restos de aquella y el aporte de otras, no hay que salir a comprar una nueva bombilla fuera del igloo, ni aventurarse en el frío que corta la respiración para reponer la perdida, basta con tener suficiente aceite de foca o grasa de ballena, mas una voluntad y paciencia proverbiales (o sea femenina) para darle el cuidado que precisa el fuego, ese pequeñito fuego que pareciera desaparecer en cualquier momento rodeado de tanto reto: hielo, viento, carencia casi total de combustible donde crecer.

Más nos valiera mirar atentamente la experiencia de las culturas que tantos siglos hemos menospreciado. Mucho aprenderíamos de ellas y ganaríamos en posibilidades de adaptarnos mejor a un mundo en constante cambio y evolución.

La filosofía del Qulliq parece decirnos: “Vean que sencillo es mantener el fuego, vean que lo que exige es diversidad y constancia” Ese principio, como todas las cosas que finalmente reconocemos geniales, son siempre simples, porque son también complejas, porque integran una adaptación al medio ambiente en que nos desenvolvemos, desde el respeto por la tierra, el mar, el cielo, la gente y uno mismo.


[1] En los dos sentidos: literal y figurado de la expresión.


Responses

  1. Muy bueno!
    Saludos,
    Al Godar

  2. Es bellísima tu reflexión. Gracias por iluminar este día en mi vida desde la qulliq. Es interesante revalorizar esas pequeñas/grandes cosas que tienen valor simbólico/material y en este caso son fuente de calor y vida. Gracias.

  3. Para reflexionar…

  4. Y tiene un valor ornamental también. Varias llamitas reflejadas en las paredes del iglú pueden crear una danza de luces, un juego de sombras capaces de entretener los largos inviernos del norte.
    Diversidad y recombinación son las fuentes primarias de la belleza.
    Saludos
    CRA


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