Publié par : lettresdemontreal | 12 août 2010

La precariedad material y discursiva de la esfera pública cubana

Me acaba de llegar desde Cuba el texto de Armando Chaguaceda, titulado: « Intelectuales públicos y política en Cuba: continuidades y emergencias « . Constato con agrado la utilización de la terminología y conceptos bourdieusianos en su texto, amén de un análisis bastante sereno y equilibrado en general del tema tratado. Es natural e indispensable, haciéndolo como lo hace desde Cuba, donde a pesar de que publica en medios de la iglesia católica, un ‘paso en falso’ puede costarle al autor el acoso inmediato de los órganos represivos del castrismo.

La mesura y el respeto mutuo de opiniones divergentes es un elemento indispensable en una discusión civilizada, nadie objetará tal opinión, sin embargo cuando es unilateral y forzado resulta menos creíble, menos natural. Digamos no obstante que lo que cuenta en este caso es el mensaje y alabemos el gesto conciliador por el principio, no por la circunstancia.

La utilización de los conceptos de Bourdieu para el análisis de la realidad de la intelligentzia cubana se ha puesto de moda en los últimos tiempos, (como siempre con varios años, sino decenios de retraso), cuando al fin algunos intelectuales cubanos han querido y podido[1] mirar fuera y ver qué se ha venido haciendo en materia de análisis sociológico desde posiciones cercanas o paralelas al marxismo. Es el caso de Bourdieu y de su consistente teoría del campo, artístico y político por ejemplo, de las jerarquías sociales, de la importancia de los factores culturales y simbólicos (el célebre concepto del capital simbólico le pertenece), contra el determinismo económico del marxismo estalinista.

Bourdieu también aportó un elemento fundamental para la comprensión de las relaciones sociales y fue el rol de la violencia simbólica, que sería la capacidad de los agentes dominantes en la sociedad de lograr imponer sus producciones culturales y simbólicas, a pesar del grado de arbitrariedad que ellas comportan intrínsecamente. Si queremos poner un ejemplo cubano y reciente, recordemos como Alfredo Guevara reconocía en reciente texto la manipulación más o menos descarada de los materiales fílmicos del batistato:

…un día lo realicé. Consistió en tomar los materiales de esta gente  que estaba  vendida a Batista, filmados a favor de la dictadura y convertirlos en material a favor de la Revolución. No hay nada más fácil para hacerlo si uno tiene la técnica y un poquito de talento, es decir: tomas las imágenes le das otro montaje, otra edición, un texto adecuado, le pones la música que haga vibrar el corazón de los espectadores… [2]

« Y allá va… » parecería que le faltó decir a Guevara. En todo caso este es un concepto clave de Bourdieu, que se aplica al caso cubano, como a cualquier otro donde los medios se aplican a representar los intereses de las minorías dominantes, se aplican a construir un consenso que poco tiene que ver con los intereses naturales de esos dominados, sino con los de dominación de la minoría con poder. Bourdieu por cierto, siempre subrayó el hecho que sus análisis se aplicaban al contexto francés de su época, sobre el que él tenía un conocimiento privilegiado y que le permitiera llegar a las conclusiones que aportó, pero el prestigio y aplicabilidad de sus postulados le han dado la vuelta al mundo. Luego, otros destacados sociólogos y filósofos han seguido aportando conceptos de valor y ángulos de vista importantes al análisis de la sociedad, pero en Cuba se desconocen en su mayoría, por continuarse con la misma política de orejeras[3] en los centros de enseñanza superior y hasta en los centros de investigación.

El motivo de este post es la constatación y análisis por Chaguaceda de la precariedad material y discursiva de la esfera pública cubana, constatación que resulta vital a la hora de examinar el estado actual de la crítica social en la isla y sobretodo la verdadera razón de esa precariedad y de todas las otras que sufre la nación cubana: la grosera manipulación a la que es sometida la población isleña, mediante las dos políticas gubernamentales, de hecho intercambiables,  que se llevan a cabo desde hace un buen tiempo: una descarnada y bruta del garrote, de la opresión a toda disconformidad y disidencia y otra ladina y rastrera que pretende hacerles creer, en particular a las nuevas generaciones de cubanos, instruidos y con un ojo crítico que se agudiza, que en el marco de ese régimen puede crearse y discutirse ‘en relativa libertad’.

Chaguaceda define muy acertadamente el estado actual de estas dos fuerzas que se oponen en el ámbito cultural cubano:

« …lo que el mural reflej(a) es un silencioso reconocimiento de fuerzas entre una institucionalidad aparentemente monolítica, pero declinante, y una intelectualidad relativamente tímida y atomizada, pero mutante y crecientemente conectada con redes trasnacionales… »

Resulta sintomático que la constatación de la visible decadencia de esa « institucionalidad monolítica », que es la gerontocracia cubana, nadie a estas alturas se lo cuestione siquiera, pero es más interesante el diagnostico de la intelectualidad, que si bien relativamente tímida (al interior de la isla naturalmente) y atomizada (tanto dentro como fuera), se la constate « crecientemente conectada con redes trasnacionales » y es que parece lógico que así sea, puesto que el estado monopolizador de todos los espacios y recursos, no deja otra salida a la existencia de proyectos alternativos. No valen ya los viejos e hipócritas llamados al patrioterismo, como en el pasado, ó los llamados a la ‘dignidad’ en el concepto castrista de este término. Un estado en ruina como es el cubano no tiene siquiera recursos para todos los que quisieran hasta hacer la apología del régimen, con tal de poder estar activos. Es lo que Chaguaceda llama: « no pocos gestores y movimientos socioculturales van comprendiendo los costos de cualquier opción de sobrevivencia que implique “mantener los espacios” vaciando los sentidos ». Es lógico entonces que los creadores e intelectuales busquen alianzas allí donde pueden encontrarlas pues nadie se cree el cuento de una Numancia eterna.

Es lógico también que ocurra cuando se sabe muy bien que la iniciativa ‘estratégica’ hace rato la tiene el vecino del norte y que el proceso de liberalización del embargo desde los EE.UU. es uno que viene avanzando y que en breve tendrá una implementación de nuevas medidas. Todo ello aunque el señor sin charreteras de la Habana trate de capitalizar el poco capital simbólico que le queda, con la noticia de un inminente cambio de espías-prisioneros de ambos lados del estrecho de la Florida.

Finalmente Chaguaceda constata en su texto, junto con Julio Antonio Fernández y Desiderio Navarro, que en Cuba prolifera un « neoliberalismo, a la vez ingenuo y salvaje, imbatido por la propaganda oficial y el arte crítico socialista, pero abonado por la cultura de masas de la economía dolarizada, los programas de televisión, el subconsumo acumulado y los bancos clandestinos de audiovisuales miamenses » y aunque trate de ver opciones diferentes, bien sabe que lo que Rafael Rojas ha vaticinado: “Hoy Cuba es apenas una nación poscomunista. Mañana, podría ser una democracia sin nación, un mercado sin república.” [4] está más cerca que nunca de materializarse.


[1] Lo escribo en estos términos, pues es conocido que en Cuba se ha traducido y publicado a Bourdieu, aun cuando se ha hecho con enormes dificultades o obstáculos oficiales. El caso más conocido es el de la revista Criterios y su poliglota traductor-director, Desiderio Navarro.

[2] Versión de la conferencia de Alfredo Guevara en la facultad de comunicación de la Universidad de La Habana  (5 de mayo del 2010)

[3] En su acepción: f. En las guarniciones de las caballerías de tiro, cada una de las piezas de vaqueta que se ponen al animal para impedir que vea por los lados. Real Academia Española © Todos los derechos reservados.

[4] Ver: Rojas, Rafael. (2006) Tumbas sin sosiego. en:  http://www.cubanalisis.com/DOSSIERS/QUINQUENIO%20GRIS/CUBA%20NCESITA%20MEMORIA%20Y%20RECONCILIACIÓN%20-%20RAFAEL%20ROJAS.htm.


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