Publié par : lettresdemontreal | 25 octobre 2010

Premio Sajarov a Fariñas, o ¿por qué Cuba otra vez?

En muchos lugares de la aldea global se preguntan ¿por qué Cuba de nuevo?, ¿por qué un cubano gana otra vez el premio Sajarov? La respuesta puede parecer obvia, pero hay que reconocer que tiene matices, y que tiene aristas que es necesario aclarar.

La historia de Cuba está marcada por la diferencia entre sus regiones o provincias. La psicología social del cubano es diferente en La Habana, en Santa Clara o en Holguín. La diversidad era nuestra característica común más preciada y dentro de ellas todos éramos cubanos.

Pero la nación cubana ha debido enfrentar el buldócer social, económico y cultural que ha significado 50 años de castrismo, con todas sus políticas de fomentar la emigración-expulsión de las clases adineradas, en particular los habaneros; de mudar a pueblos enteros de una provincia a otra, por « desafectos », como le sucedió a los guajiros del Escambray que se vieron de hoy para mañana viviendo en Guane y en Sandino, en la provincia de Pinar del Rio. Ese último pueblo por cierto creado especialmente para ellos. Los cubanos han visto convertir a la Isla de Pinos en un municipio de Oriente, donde las costumbres pineras de antaño se vieron simplemente borradas. También hemos sido testigos y victimas de como generaciones enteras de cubanos han sido obligados a vivir la mayor parte de la más tierna etapa de sus vidas fuera de sus casas y de la influencia de sus padres, « educándose » en cuarteles castristas en el campo, donde la nivelación siempre se hizo hacia el menor denominador común. Hemos sido testigos de miles y miles de Fariñas, a quienes enviaron « voluntariamente » a « foguearse » en guerras extracontinentales, bajo la bandera de la ideología estalinista y regresar también por miles en cajitas de huesos.

Desde los años 90 el éxodo de cubanos ha ido in crescendo, lo ha sido en particular de las generaciones nacidas después de 1959, quienes han sido prácticamente aisladas de todo poder real en la historia de su patria y por ello crecientemente indiferentes al destino de la nación. El desangramiento de la nación cubana con la pérdida de cientos de miles de sus hijos, no es sólo, ni principalmente un hecho económico, es muy esencialmente un  desgarramiento espiritual y político. Si algo hay que reconocerle a Castro es el eficiente trabajo que ha hecho por deshacer en menudos pedazos a la familia cubana.

Quienes conocen un poco la historia de Rusia y la ex-URSS saben que los desplazamientos forzosos de seres humanos han sido y ¿siguen siendo? práctica común en ese país continente.  El Sur de Rusia y de lo que es hoy Ucrania como « destierro dorado » en tiempo de Zares blancos y rojos, recuerden a Pushkin y a Zhukov enviados ambos a Odessa por revoltosos. Siberia como castigo final, enviados a morir trabajando en minas a temperaturas de menos de -25 grados y frecuentemente a -40, -50…. Asia central como otro castigo infernal, donde los parias del régimen eran destinados a convertirse en arena de los desiertos del KaraKum (en lengua turca significa arena negra) o de la Bek-Pak-Dala: la estepa del hambre.

La exterminación in situ también fue una táctica estalinista. Los campesinos ucranianos la conocieron bien. En Cuba todo escolar sabe quien fue Valeriano Weyler y lo que le hizo a los guajiros isleños. El émulo cubano de ambos tiene ya no pocas « glorias » para competir con ellos.

Los métodos no cambian en los países sometidos a la tiranía. Cambian, a veces, la dosis, o los destinos de las víctimas , o la cantidad de ellas, pero el espíritu es el mismo. Por eso es que Fariñas merece el premio Sajarov tanto como cualquier otro, que como él le canta las cuarenta al tirano. Fariñas, hijo de Santa Clara y de Cuba, es un hombre que supo levantarse de la postración que el castrismo inculca y exige a sus fieles.

Sajarov supo abdicar de su aporte dantesco al desarrollo de las armas nucleares de su país y combatirlo desde entonces, poniendo en muy alto lugar la importancia de la coexistencia pacífica y de la libertad intelectual. Fariñas ha seguido un camino similar. De psicólogo militar y combatiente en Angola, a luchador por las libertades cercenadas a los cubanos.

Esperemos que este premio Sajarov sea el último que le otorgan a un cubano. La reincidencia en este caso es evidencia de una tragedia sin fin visible, salvo que cada cubano diga, como dijera Kennedy en Berlin en 1961: Ich bin ein Berliner…Yo también soy Fariñas…y actuemos en consecuencia.

PD: Luego de publicado este articulo, el compatriota Juan Antonio Blanco me envía el vinculo de uno suyo sobre el mismo tema y con gusto se los incluyo aquí, pues considero que sus textos reflejan como pocos el espíritu de contribución al debate que debiera predominar entre cubanos.

Guillermo Fariñas y Andrei Sajarov. El premio recién otorgado a Fariñas no lleva el nombre de un ex cosaco del último Zar ruso


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