Publié par : lettresdemontreal | 24 décembre 2010

De la Navidad, la Patria, Martí y Arenas.


Ayer vi un espectáculo aquí en Ottawa que me hizo pensar que algunas diásporas (o sus representantes más visibles) son tan « espejo » de lo que critican en las doxas nacionales con las que están en desacuerdo, que si ellas llegaran al poder mañana no significarían diferencia alguna para los pueblos que están en el medio de esa pelea de gallitos kikeres. No vale la pena dar detalles, pues no es esa mi pelea. Sirva decir solamente que se trata de una cultura que es hoy por hoy una de las más influyentes en el mundo y cuya oficialidad es « aliada » del régimen de la Habana.

Hoy, por otra parte, leí un post de Enrisco sobre el patriotismo, que me hizo pensar en las ideas que nos provocan este fin de año y las fiestas conexas. Dice Enrisco que oír hablar de patriotismo « Debe ser lo más cerca que podemos estar de las moscas cuando sienten el vientecillo que anuncia el manotazo » y le quedo bien la frase, pues en eso es mas o menos en lo que se ha convertido el patriotismo para los cubanos, dentro y fuera, un manotazo que no sabemos en qué momento se va a posar en nuestros destinos. La idea de la Patria y el patriotismo están tan devaluadas hoy, como los valores de la bolsa, pero ese es otro post.

Yo celebro hoy la navidad en el espíritu de familia a que los quebequenses y canadienses están acostumbrados (al menos aún) y me siento en este ambiente tan a gusto como lo era también en mi infancia, cuando mi padre nos llevaba a visitar la « familia del campo » para año nuevo. Las tradiciones se pierden, se « lavan », se modifican, y finalmente cambian, pero más o menos también va quedando algo de generación en generación, que se resiste a desaparecer y que viene siendo el deseo de un rencuentro familiar (en el sentido de la familia grande, o lo que otros llaman el clan), al menos una vez al año. Ello es cada vez más difícil para mucha gente, no queda sino adaptarse a otra vida, a otros familiares y reconstruir así las redes familiares.

Hoy, y luego de algunos años sin prohibición oficial, la familia cubana vuelve a celebrar la navidad, pero todas o casi todas tienen a uno o varios familiares fuera, en la Florida o en alguna parte del mundo. También en Ottawa, o en Moscú, o quizás hasta el Ulan-Bator. Las navidades cubanas son mayoritariamente dulce-amargas por la lejanía forzada de alguno de sus miembros vivos. La culpa todos sabemos de quien es, pero no es de culpas que va este post. Es de la perdida que todo ello significa para el cuerpo y el espíritu de esa tierra que llamamos Patria, de lo que quiero escribir.

Hoy en miles de ciudades en el mundo cubanos en el exilio se integran a otras tradiciones y experiencias que les enriquecen y que les tornan cada día más, cubanos del mundo, cubanos globalizados. En Cuba, en cientos de ciudades y pueblos, o en los campos donde reina el marabú y la yerba mala, entre alguna que otra mata de plátano y de boniato, la navidad es menos viva por las hojas que le faltan al árbol de la nación, por la savia amarga que le nutre, por los vientos huracanados que lo lastiman, por el abandono de cincuenta años que le persigue.

Entre los malos gobernantes, las pésimas alianzas, un pueblo sin esperanza y un mundo con todos sus avances y evoluciones que se aleja cada vez más, como un tren que se perdió en el horizonte, el cuerpo y el espíritu de la Patria cubana se asemeja cada vez más a los Campesinos felices de Carlos Enríquez.

La poesía es sin embargo lo que mejor nos describe como nación, o como lo que queda. Con dos de ellas les dejo:

Feliz Navidad y próspero 2011!

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
¿O son una las dos? No bien retira
su majestad el sol, con largos velos
y un clavel en la mano, silenciosa
Cuba cual viuda triste me aparece.
¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento
que en la mano le tiembla! Está vacío
mi pecho, destrozado está y vacío
en donde estaba el corazón. Ya es hora
de empezar a morir. La noche es buena
para decir adiós. La luz estorba
y la palabra humana. El universo
habla mejor que el hombre.
Cual bandera
que invita a batallar, la llama roja
de la vela flamea. Las ventanas
abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo
las hojas del clavel, como una nube
que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa…

José Martí

(Flores del Destierro)

Reinaldo arenas por su parte la completó:

Dos patrias tengo yo: cuba y la noche

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
José Martí

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche,
sumidas ambas en un solo abismo.
Cuba o la noche (porque son lo mismo)
me otorgan siempre el mismo reproche:

« En el extranjero, de espectros fantoche,
hasta tu propio espanto es un espejismo,
rueda extraviada de un extraño coche
que se precipita en un cataclismo

donde respirar es en sí un derroche,
el sol no se enciende y sería cinismo
que el tiempo vivieras para la hermosura ».

Si ésa es la patria (la patria, la noche)
que nos han legado siglos de egoísmo,
yo otra patria espero, la de mi locura.

(Nueva York, 1986)
(De: Inferno, poesía completa)


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