Publié par : lettresdemontreal | 17 mars 2011

Juragua, el despilfarro más feliz del castrismo.

El mundo vive días de tensión y dolor con las noticias provenientes de Japón. Aun hay asesinos como Gaddafi que aprovechan esas circunstancias para masacrar más eficientemente a su pueblo, pero es de Juragua que quiero tratar en este post. Voy a escribir sobre lo que fue el despilfarro más feliz del castrismo.

En los años 80 junto a la guerra en Angola y otras misiones « internacionalistas » se emprendía en Cuba la construcción de dos reactores nucleares en los alrededores de Cienfuegos. El sitio de Juragua, cerca de la fortaleza colonial que le da su nombre al poblado homónimo, había sido el lugar elegido por Castro para darle empleo a su hijo mayor, quien se había formado en la URSS como físico nuclear y dirigía el programa nuclear cubano. ¿Quién si no?, el nepotismo ha sido una constante en los 52 años de « revolución ». Hoy es Mariela Castro en el lugar que le correspondía a Monika Krause-Fuchs, o el coronelito Castro Espín, en lugar de cualquiera de las decenas de oficiales con verdadera experiencia militar, o el hijete « Tony » Castro Soto como « jefe » de organizaciones deportivas…

Por esa época (1983-1988) yo estudiaba en Odessa y en uno de los veranos en que no viajé a la isla, (de vacaciones en barcos trasatlánticos, trofeos de guerra de los rusos y gracias siempre al subsidio soviético a los cubanos y de ninguna manera a financiamiento o esfuerzo del estado cubano), pues en uno de esos veranos participé en unas jornadas de la cultura cubana en diferentes pueblos y ciudades del sur de Rusia, entre los que se incluyó Volgodonsk. Esta ciudad, en medio de la estepa rusa fue construida y concebida completamente en los años 50 del siglo XX, para acoger la mayor industria de construcción de reactores nucleares de la antigua URSS. Ciudad casi prohibida para los extranjeros, nuestro grupo fue uno de los primeros en tener acceso a la misma y visitar además los enormes hangares donde se fabricaban (¿fabrican aun?) los reactores nucleares de la ex-URSS y otros países adonde se exportaban, Cuba entre ellos. Aun recuerdo como el guía que teníamos durante la visita de la fabrica nos mostró partes del primer reactor que estaba destinado a la isla del Caribe.

Ese reactor nunca llegó a la isla y fueron muy mediatizados durante los años 90 los trabajos de « mantenimiento » en el edificio de la futura central nuclear que se había construido casi a la mitad y que había costado algo así como un mil millones de rublos del CAME. Todo ello a la par de un proceso similar con todo el armamento de origen ruso que también en los años 90 se guardo en búnkeres y depósitos pues la « manguera » del subsidio soviético se había terminado.

Mucho se ha debatido después en Cuba y en el mundo sobre el uso de la energía nuclear, países como Francia muestran un expediente impecable de su uso, pero casi todos coinciden en que los riesgos que comporta son demasiado graves para la vida y las economías de los países, no solo de aquellos que producen este tipo de energía sino para sus vecinos y para el planeta entero.

El terremoto-tsunami-desastre nuclear de Japón viene a confirmar estas preocupaciones.  La energía nuclear ha venido mostrando su cara fea en países muy diversos desde hace ya bastante tiempo y lo más terrible regularmente.

El castrismo ha fallado en muchas de sus campanas económicas (¿o en todas?) y proyectos de desarrollo del país. Cuando hoy era una campana, mañana sería otra, y pasado mañana se volvía a la primera pero con otro nombre. La campaña nuclear fue sin lugar a dudas la más justificada en ver fracasar, pues ¿quién podría imaginar la gestión de una central nuclear en un país como Cuba donde el calor es una constante y donde las decisiones en estas circunstancias de más de medio siglo nunca han sido técnicas sino políticas?

Definitivamente Juragua fue el despilfarro más feliz del castrismo, uno que nos ha permitido quizás sobrevivir a lo que hubiese sido el apocalipsis de toda una nación y grandes riesgos para la región. Recuerdo que en la época de mayor fragor de la construcción del reactor cubano, el gobierno norteamericano de turno alertaba contra el peligro que suponía para los países vecinos tal proyecto nuclear, pero bueno esas críticas como es « natural » se achacaban por parte del gobierno cubano a una eterna mala voluntad de Washington hacia la « revolución cubana ».

Hoy quizás estemos aun a tiempo de evitar el Chernobyl político, que es el otro riesgo que amenaza la isla. Quizás tomando conciencia sobre los límites que tiene y debe tener el desarrollo comencemos a comprender y a asimilar los limites que tiene y tiene que tener la dirección política de una sociedad.

Estos años donde se ha confirmado la toxicidad de las políticas financieras y la toxicidad de las políticas nucleares, deben ser también los años de una definitiva comprensión de la toxicidad del autoritarismo en el mundo. Los pueblos árabes y musulmanes lo están comprendiendo y quizás les sirva para salir del atraso secular que han acumulado y emerger como lo supieron hacer en siglos pasados en que esa civilización era una de las más pujantes del planeta.

Cuba se debate hoy en su toxicidad política que asfixia como ninguna otra la nación y el país entero.

La ciencia nos muestra que todo fenómeno está vinculado con los circundantes, la ley de gravedad es un principio del Universo. Toda sociedad, como organismo viviente que es, está inevitablemente en interacción e interdependencia con las demás que le rodean y de un intercambio simbiótico eficiente depende su subsistencia y evolución o en caso contrario su desfallecimiento y muerte.

Esperemos que en Cuba predominen las fuerzas que promuevan el cambio y la simbiosis evolutiva y no la frenética carrera hacia una extenuación y desaparición numantina.


Responses

  1. excelente articulo. Lamentable que el debate este tan deprimido en Cuba. El debate de estos temas y las decisiones pasan por una democracia participativa. En Chile esta mas abierta la discusion, pero las decisiones empresariales son por lo general a puertas cerradas y con convenios politicos.


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