Publié par : lettresdemontreal | 1 juin 2012

Español e inglés en Puerto Rico, ¿malo o bueno?

Hay muchos temas que merecen análisis por estos días. En China, desde algunos círculos de poder, se comienza a hablar críticamente de la masacre de Tian’anmen. En Quebec, los estudiantes quieren paralizar la provincia con una agenda altamente ideologizada, ya hasta se habla de abismo entre las partes en negociación, o sea, el gobierno provincial y las organizaciones estudiantiles en huelga. En Cuba, la inversión de 100 millones de dólares de Repsol frente al malecón terminó en un pozo seco y en más que secas esperanzas de los cubanos en un respiro económico, pero le voy a dar prioridad, luego de algunos meses de silencio por razones de estudios, al tema del bilingüismo en Puerto Rico.

Aquí en Canadá, veterano país bilingüe de las Américas, han sido justamente los quebequenses quienes más se han beneficiado de esa condición legal del estado canadiense. La población anglocanadiense se mueve ahora en la dirección contraria (hacia el aprendizaje del francés), pero mucho más lentamente y ello le ha afectado y afecta sus posibilidades de empleo, en particular en el sector de los empleos del gobierno federal.

En el mundo entero, en países o en territorios como la India, Singapur, Hong Kong, Malasia, Corea del Sur y hasta en Japón, tan históricamente reticente a la influencia « gaijin », sus poblaciones se han ido convirtiendo paulatinamente hacia el bilingüismo y hoy son ellos quienes se cuentan entre los pueblos mejores adaptados a los procesos de globalización en curso. En Europa es harto conocido que desde hace bastante tiempo países como Holanda, Suecia, Dinamarca, Noruega y otros más, tienen el inglés como segunda lengua y esa capacidad constituye en gran medida una de las razones del éxito económico de esas naciones y de los individuos que la componen.

Puerto Rico, desde su posición de país hispano y caribeño es pionero en estas lides. Sin que hasta ahora haya tenido una política oficial al respecto, pero en razón de la presencia de una importante comunidad puertorriqueña en los Estados Unidos desde hace ya más de un siglo, y de la condición de estado libre asociado de Estados Unidos, el inglés se ha ido estableciendo y propagando sobre todo en la vida económica de la isla. Ello sin que el español se vea relegado, o que la cultura isleña se haya asimilado a la anglosajona del Norte. El intento del actual gobernador Fortuño de establecer un programa de educación pública que reconozca y promueva estas realidades, más el interés de dar mejores opciones internacionales a la fuerza laboral calificada puertorriqueña, más parece una consolidación del estatus quo, que una acción « ideológica », como insisten los independentistas isleños. Estos últimos, como otros representantes de las ideologías nacionalistas en las Antillas, demonizan todo lo que sea un « atentado » al dominio del español, una posición que merecería un análisis aparte, dada las complicadas implicaciones históricas que conlleva.

Por otro lado, en un país como Cuba, con una política lingüística y sobretodo cultural hipercentralizada, una que escoge con « pinzas » lo que quiere distribuir en ese pueblo, se observa un proceso de provincianización en el cual la lengua hablada por los cubanos, el español de la isla, continua diferenciándose del resto de la región y del subcontinente latinoamericano y la población cubana (salvo la que se encuentra desde hace años en el exilio) continua siendo, en términos globales, una de las que menos aprende lenguas extranjeras en la región.  No es de sorprender que los cubanos que llegan al exilio estén lingüísticamente tan poco preparados para adaptarse rápidamente al mercado laboral. El imprinting cultural[1] es también uno de los factores que alejan al cubano promedio de una inserción exitosa en las sociedades de acogida, ya sea alófona o hasta en los mismos países hispanos de este continente.

Las definiciones binarias de un fenómeno suelen ser netamente religiosas ó ideológicas, es por ello que a la pregunta-trampa del título respondo: Dejémosle a los vaticanos de este mundo esa tarea, ya sea que estén en Roma o en La Habana. El bilingüismo, el trilingüismo y el multilingüismo están aquí para quedarse y en la medida en que los pueblos caribeños, que tienen por cierto todos una bonita historia de este tipo de intercambios, lo reasuman y lo promuevan, se verán en mejor posición que la que los ideólogos del provincianismo le han podido aportar.


[1] Este concepto ha sido magistralmente definido por el filósofo francés, Edgar Morin. Ver: La Méthode, Vol.1 p.1474.


Responses

  1. Publicado en Cuba Nuestra: Español e inglés en Puerto Rico, ¿malo o bueno?

  2. Muy interesante, justamente hace unos dias conversaba con una profesora cubana, ya jubilada de un centro de educación superior, de la « desconexión » de los cubanos en general con la literatura actual y la cultura en general. Y no solamente de un cubano cualquiera, sino de universitarios, de académicos que no conocen más allá de Isabel Alllende o García Márquez, que se han quedado desactualizados por completo, que no saben conversar de nada, que el léxico es tan pobre como el de un niño de primaria, que todo se resume en « BUENO O MALO, LINDO O FEO »….¿cuantos universitarios cubanos se graduan sabiendo alguna lengua? Cuando más un poquito de inglés, pero ni para hablar 2 minutos, pues toda la carrera han estudiado por libros fusilados y traducidos al español, sin imponerseles ningún esfuerzo en ese sentido….


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