Publié par : lettresdemontreal | 6 mars 2013

Sobre lo que pasa

Chávez: entre Betancourt y Pérez Jiménez, ¿a cual se acercó más?

 

En este blog las cosas van a su ritmo, ni más ni menos. El tiempo no me sobra, pero compartir ideas ha sido, es y será un propósito permanente.

Ayer sucedió lo que todo el mundo sabía iba a pasar: se murió Chávez. Venezuela pasa ahora a una nueva etapa de su vida contemporánea, la de reconstruirse sin el caudillo que la gobernó durante 14 años. Fuera de Venezuela no pocos tienen los pelos de punta. Sobre todo aquellos que aprovecharon y siguen aprovechando a todo tren la magnanimidad de los petrodólares venezolanos. En La Habana el gobierno expresa que siente « hondo y lacerante dolor » con la pérdida, es comprensible…

Pero lo que quiero comentarles aquí son las coincidencias históricas que este momento histórico hace más visibles que ningún otro. Cuba y Venezuela comparten no sólo costas en el mar Caribe, comparten también una de las relaciones inter-latinoamericanas más singulares de la región y las similitudes históricas son múltiples. Lo son también en cambio, las diferencias.

En 1958 Venezuela se deshizo de un dictador, como tantos en la historia de América latina, esta vez era Marcos Pérez Jiménez y Cuba le siguió con la derrota de Batista el 31 de diciembre de ese mismo año. Esto es lo que puede considerarse un punto conjuntivo en la historia de ambos países.

En Venezuela en cambio se hizo del poder Rómulo Betancourt, quién ya había sido antes presidente de ese país y a quien se considera como « el padre de la democracia venezolana ». En Cuba conocemos demasiado bien quién se hizo del poder, porque en realidad continua detentándolo. No hay modo de que una tan larga estadía encantado con las « mieles del poder », pueda ser considerada democrática, de manera que ese es un punto disyuntivo de las historias paralelas cubana y venezolana.

Otro punto conjuntivo se observa a partir de 1999 cuando Chávez llega al poder, con un legado tanto pérezjimenista (su intentona golpista de 1992), como su otro legado betancourista (su elección democrática de 1999). El legado betancourista predomina hasta que en el 2002 le hacen la célebre intentona golpista. Al regresar al poder Chávez daba la impresión de haber reforzado su betancourismo, pues se mostró muy modesto y conciliador. Como cuando por ejemplo, le entrevistaron antes de su elección de 1999 y dijera que Cuba era sí, una dictadura, si bien había que respetar la autodeterminación de los pueblos, o que no iba a nacionalizar a nadie, ni a atentar contra la libertad de expresión. Bien sabemos cómo procedió y sobretodo como se expresó después. En el 2002 de lo que se trataba era también de apaciguar, esta vez los ánimos de los golpistas y ganar tiempo hasta poder recuperar el poder por completo nuevamente. Este astuto caudillo se mostró capaz de una habilidad política muy refinada, pero eso es algo que es comprensible cuando se conoce el ambiente social y político de un país como Venezuela, con una corrupción administrativa enraizada y una violencia institucionalizada desde hace décadas.

A partir de entonces ya Chávez perdió todo recato y el Maquiavelo que hay en todo hombre político se reflejó muy activamente en él: estrechó lazos con La Habana, en particular con su mentor de larga data: el señor de Birán y continuó activamente su política de unirse y ayudar a todo aquel que en el mundo hablara o hiciera mal al vecino del Norte.

Chávez deja tras de sí un legado ambivalente, por un lado hizo mucho, más que ningún otro político venezolano, por las mayorías ninguneadas de ese país y el dinero del petróleo fue el que financió esas « misiones », pero ese mismo dinero, probablemente hasta un tercio de la renta petrolera,  financió también a sus socios geopolíticos y puso a Venezuela en el centro del conflicto que arrastra América latina con los Estados Unidos desde Monroe y Bolívar. No entenderse pareciera que está ya insertado en el código genético de una y otra parte, pero todo tiene matices y sería demasiado largo exponerlos aquí.

Lo que hace este momento especial en cambio, es que puede ser un nuevo punto disyuntivo entre las historias paralelas cubana y venezolana. Venezuela puede ir recuperando, poco a poco y sin brusquedad, una vida democrática y portadora de más atención a sus múltiples problemas internos que la que tuvo hasta ahora, con Chávez inmerso en otras prioridades bien diferentes de estas. Venezuela puede y debe contribuir a la unidad latinoamericana, si ese objetivo sigue siendo uno de sus nuevos gobiernos, más con una política externa balanceada, sabia y respetuosa de las realidades de todos y cada uno de los países de este continente.

El gobierno de Cuba por otra parte puede estar viendo en lo que ocurre en Caracas, no sólo un próximo fin de la manguera de petróleo venezolana, sino el camino que sigue un país de este continente, cuando se puede permitir un proceso de desintoxicamiento ideológico y de lucha contra la ineficiencia socioeconómica, que son, ya está demostrado, elementos propios a las revoluciones radicales, antiimperialistas, comunistas o socialistas, populistas o como quieran llamarles, pero que implican necesariamente una política bonapartista, una retórica populista y una conducción económica voluntarista, ingredientes todos ellos presentes en las dos historias aquí reseñadas.

Ese es al fin y al cabo uno, sino el mejor legado de Chávez, habernos mostrado que los patrones de conducta de los países de nuestra región aún cuando similares, obedecen a diferentes  velocidades y que Venezuela después de todo no es de los miembros más lentos de esta comunidad de naciones. Cuba sí lo es.

PS: Decidieron momificar, embalsamar, o como quieran llamarle a ese procedimiento, a Chávez. « Como a Lenin, Ho-Chi-Minh  y Mao », dijo quien ha tomado las riendas del poder en Venezuela. Pareciera que la izquierda radical latinoamericana se propone en serio retomar el lugar hace tiempo dejado de lado por las izquierdas del mismo tipo euroasiáticas. Los mismos métodos, los mismos rituales, la misma inútil adoración de los muertos que en última instancia es irrespeto de la dignidad postrera que merecen. Los términos son los mismos: « eternamente », « el pueblo », « por siempre ». Tantas palabras lanzadas al viento…tanta manipulación de los sentimientos de la gente con fines puramente políticos.


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